Nuevo barómetro de riesgo país: ilusiones perdidas y grandes esperanzas.

Tras un comienzo prometedor, es poco probable que 2023 sea el año que se esperaba.

El primer semestre ha reforzado algunas de nuestras previsiones:

  • No, la inflación no volverá de forma espontánea e indolora a su objetivo del 2% en los países desarrollados.
  • No, los bancos centrales no cambiarán sus políticas monetarias de aquí a finales de año.
  • No, el mero levantamiento de las restricciones sanitarias no permitirá a China desempeñar un papel de motor de la economía mundial.

También volvieron a primer plano dos aspectos esenciales que el mercado había perdido de vista: el acceso a una energía abundante y barata sigue siendo fundamental para el funcionamiento del sistema económico mundial, y la política monetaria tiene efectos más directos sobre la valoración de los activos y la estabilidad financiera que sobre los precios al consumo.

Las perspectivas económicas siguen estando estrechamente vinculadas a la evolución de la inflación y a la respuesta de los bancos centrales, y nuestras previsiones están sujetas a una serie de riesgos a la baja, como el suministro de energía y el crédito.

En este contexto, Coface realizó 13 revisiones al alza y 2 a la baja en sus evaluaciones de países, así como 26 actualizaciones en sus evaluaciones sectoriales (13 mejoras y 13 rebajas). Estos cambios ponen de manifiesto una mejora de las perspectivas, pero un entorno que sigue siendo exigente e incierto.

 

Se confirma la resiliencia de la economía mundial, pero las perspectivas siguen siendo sombrías

Las cifras de crecimiento de las principales economías a principios de año confirman que el fantasma de la recesión se ha alejado por el momento (con la excepción de Alemania). Esto se debe a varias razones:

  • En primer lugar, Europa ha logrado evitar la interrupción de sus suministros energéticos.
  • En segundo lugar, la resistencia ha venido de la mano de un aumento del consumo en Norteamérica y China.
  • Por último, las economías emergentes también confirmaron su resiliencia.

Todo ello nos ha llevado a revisar al alza nuestra previsión de crecimiento de la economía mundial en 2023 hasta el 2,2%.

Estos factores se reflejan en nuestras evaluaciones de riesgo país, con 13 mejoras, principalmente en los países emergentes. 7 de las 13 revisiones sectoriales al alza se refieren al sector del transporte, que se está beneficiando de la recuperación del turismo y de la relajación de las tensiones en las cadenas de suministro.

No obstante, las perspectivas económicas siguen siendo poco halagüeñas para 2023 y los años sucesivos, sobre todo en las economías avanzadas. Nuestras previsiones (un crecimiento del 2,3% para 2024) indican que es improbable que el crecimiento mundial repunte de forma significativa. La economía mundial seguirá prácticamente estancada, con una persistente debilidad en EE. UU., una tímida recuperación en Europa y un crecimiento chino por debajo de los niveles previos a la pandemia.

 

Inflación a la baja, pero persistente

En la lista de los principales riesgos para los próximos meses, la persistencia de la inflación ocupa un lugar destacado. Se ha confirmado la caída "mecánica" de la inflación en el primer semestre, ya que las repercusiones del conflicto de Ucrania en los precios de la energía están desapareciendo en la mayoría de las economías. Por otra parte, también se han confirmado las señales de una inflación más arraigada, con la estabilización de la inflación subyacente en niveles elevados en la zona euro, Reino Unido y Estados Unidos.

Sin embargo, aún es posible un rebrote de las presiones inflacionistas. La recuperación de China aún no ha alcanzado todo su potencial y es probable que ejerza presión sobre el suministro de gas. Por su parte, el mercado del petróleo se ha tensionado tras los anuncios de recortes en la producción de la OPEP+. La organización ha retirado del mercado el equivalente a alrededor del 3,7% de la demanda mundial. Por el momento, mantenemos nuestra previsión de un precio en torno a los 90 USD/barril de media anual.

Además de los precios de la energía, también merecen un seguimiento las materias primas agrícolas. Aunque el descenso de los últimos meses no ha repercutido necesariamente a los precios al consumo, ya están aflorando nuevos riesgos al alza. Además del conflicto ruso-ucraniano, que seguirá ejerciendo presión, el fenómeno climático de El Niño parece avecinarse a partir del segundo semestre de 2023. Podría influir en la producción y los precios en 2023-24, con temperaturas más cálidas e intensos déficits hídricos en algunas partes del mundo.

 

Endurecimiento del crédito y nuevo aumento de las insolvencias empresariales

Los efectos sobre la inflación del endurecimiento monetario de los últimos meses están aún por verse, sobre todo en lo que se refiere a los precios de los servicios. Estos siguen subiendo a niveles incompatibles con el objetivo de inflación del 2%. No obstante, algunos de los principales bancos centrales han decidido pausar las subidas de tipos, empezando por el Banco de Canadá, el Banco de la Reserva de Australia y, probablemente, la FED. Por el contrario, es probable que el Banco de Inglaterra vuelva a subir los tipos y que el BCE se vea obligado a hacerlo en sus próximas reuniones.

Las pausas en las subidas de tipos deberían permitir evaluar el impacto de las medidas adoptadas durante el pasado año. De hecho, las turbulencias en el sector bancario pueden hacer temer una contracción del crédito, que ya es visible. La ralentización de los nuevos préstamos a hogares y empresas, que arrastra la demanda interna, la actividad económica y, en última instancia, la inflación, también aboga por una actitud prudente de los bancos centrales.

En los próximos meses, las empresas tendrán que hacer frente a un entorno adverso de subida de precios y endurecimiento de las condiciones crediticias, así como a la atonía de la demanda interna. Además, tras un aumento general de los márgenes en 2022, es probable que las empresas vean disminuir su rentabilidad operativa bajo los efectos combinados de una caída gradual de la inflación subyacente y el aumento de los costes laborales unitarios. Es probable que el notable aumento de las insolvencias empresariales al que asistimos desde principios de año en la mayoría de las economías avanzadas continúe, e incluso se intensifique, en los próximos meses.

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